El
título de este artículo toma rúbrica de un libro de Juan Antonio
Delgado Santana, publicado por Editorial La Marea, que ya
hace bastantes años está en mi biblioteca. La obra narra la
historia del emergente movimiento obrero portuario en el Puerto
de la Luz y la coyuntura sociopolítica de los años 70 y
principios de los 80.
En esta etapa histórica, no
tan lejana de nuestros días, se crea la Asociación Sindical de
Estibadores Portuarios de Canarias que comenzó a extender la
lucha de los trabajadores portuarios desencadenando diversas
huelgas. Los estibadores ganaban salarios irrisorios, se
producían despidos masivos y la contratación de esquiroles
estaba a la orden del día. En ese escenario, el 25 de julio de
1980, mientras los portuarios se manifestaban en la Plaza Manuel
Becerra, Belén María Sánchez Ojeda – hija de un trabajador
portuario – fue atropellada y falleció a las pocas horas
mientras se solidarizaba con la justa lucha de su padre y sus
compañeros. Ese mismo día, varios manifestantes resultaron
heridos y uno de ellos perdió un ojo en la carga policial dado
que la Guardia Civil lanzó varios botes de humo a los
manifestantes por una causa justa, la dignidad de sus puestos de
trabajo.
Belén María constituye un
ejemplo vivo de la historia solidaria de las islas, al igual que
Remigio Vélez, cuyo esfuerzo y solidaridad militante ayudó
decididamente a sentar las bases del sindicalismo portuario.
Remigio era un cristiano de base y un sindicalista de verdad, de
esos – aún quedan unos pocos – que lo dan todo por mejorar las
condiciones de vida y trabajo de sus compañeros sin pensar en
liberaciones ni prebendas. Siempre preocupado por dignificar la
profesión y mantener unido al colectivo.
En nuestros días, la lucha
portuaria de los estibadores canarios es reconocida a nivel
internacional pues Antolín Goya – estibador de Tenerife – es el
coordinador del Sindicato Internacional de Estibadores (IDC en
su acrónimo sajón) y Lázaro Lemes – estibador de Gran Canaria –
también ocupa un puesto en la dirección de dicha organización
sindical sectorial. Además, los estibadores canarios siempre han
tenido un papel preponderante en la Coordinadora Estatal de
Estibadores Portuarios.
Hoy – justo veintiocho años
después de su muerte – Belén María tiene una plaza con su nombre
en la zona portuaria pero está siendo condenada al olvido de
todo un pueblo. Revivir para afrontar y luchar en el presente
deben ser nuestras consignas.