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Cumpliremos Kioto
 Canarias
|17-10-2008
| 02:17
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Juan Jesús Bermúdez
El cambio climático inducido por la emisión
creciente de gases de efecto invernadero es, al decir de la
práctica unanimidad de la comunidad científica, de los
experimentos globales más impresionantes que el hombre ha
emprendido en la era industrial. La capacidad de extracción de
combustibles fósiles, que son los que mantienen hoy nuestro
modelo económico y de empleo, se ha multiplicado como la
levadura en una barrica de mosto, de forma exponencial. Algunos
hablan de que nuestra intervención en la litosfera y en la
composición de la atmósfera inauguró una especie de nueva era
geológica, que denominan “antropoceno”; tal es el impacto que la
fuerza de la combustión de las cadenas de hidrocarburos ha
tenido desde que comenzara, hace apenas dos siglos en Europa, la
explotación de las reservas carboníferas.
Según Vince Matthews, director del Colorado
Geological Survey, sólo en el año 2005, China construyó una
nueva central térmica de carbón cada 3 días, aunque ya desde el
año 2007 se ha convertido en importador de este recurso mineral,
tensionando un mercado global en el que entre EE.UU. y aquél
consumen el cincuenta por ciento de la producción mundial. Así
con todo, China sigue estando a mucha distancia de los niveles
de consumo por persona de las regiones ricas del Mundo. El uso
del carbón sigue siendo hoy de vital importancia para el
funcionamiento de las economías industriales, y se disputa hoy
con el gas el mérito de ser el segundo recurso energético
mundial, tras el omnipresente petróleo. El triunvirato fósil es
el que, a través de su uso creciente, el mayor responsable del
cambio climático global.
Dada la tremenda interrelación entre crecimiento
económico y uso de la energía (la energía es capacidad para
hacer trabajo, pilar de cualquier estructura social), y al
comprobarse que casi nadie quiere renunciar a él, la inercia
fósil parece no tener límite, aunque realmente existe ese techo
más allá del cual la Humanidad no podrá extraer volúmenes
mayores cada año. Y, dada la velocidad que ha emprendido el
experimento, parece que ese umbral lo podemos alcanzar en poco
tiempo. El “cenit de la energía global”, que algunos sitúan en
torno a la segunda o tercera década del Siglo XXI sería un techo
histórico fruto de que las producciones conjuntas de estos
combustibles no pueden seguir creciendo mucho más. Parece que
estamos en los años del cenit del petróleo, y quizás dentro de
una década, en un escenario lleno de incertidumbre,
alcanzaríamos el del gas natural, según ASPO. El Energy Watch
Group sitúa el techo del carbón en torno al año 2025, tras
revisar las infladas reservas declaradas de este combustible
fósil, así como las diferentes calidades que quedan por
explotar. Después, el declive más o menos permanente.
Ya el geólogo sueco Kjell Aleklett advertía de
que el cenit de los hidrocarburos suponía también un techo de
emisiones de CO2 a la atmósfera, y que las predicciones del
Panel de lucha contra el cambio climático necesitaban ser
revisadas a la luz de los límites físicos. Además, como ya
vemos, una energía en vías de encarecerse progresivamente,
provoca estruendosos ajustes de la economía de burbuja a la
realidad tangible, lo que frena la expansión del consumo y, por
tanto, de la contaminación atmosférica.
Bien al contrario de las grandes proclamas de
lucha contra el cambio climático, el Hombre está luchando
denodadamente para extraer cada vez más fósiles y, por tanto
emitir más. Probablemente, de no cambiar radicalmente las cosas,
serán los límites físicos y la “destrucción de la demanda” en
forma de depresión económica los que finalmente aliviarían la
pesada carga de emisiones atmosféricas. Esa pesada losa de
frenético intento por consumir, sin embargo, será una herencia
de consecuencias que, nos advierten los crecientes indicios,
pagaremos caro.
Las oportunidades para, al menos, intentar
transiciones a sociedades de bajo consumo energético y de forma
pacífica, reducciendo desde ahora nuestras emisiones, se agotan
con cada pulso agónico que echamos al Planeta en esta lucha por
los recursos, contra ella y de todos contra todos, una batalla
que sabemos perdida de antemano.
Reaccionar a esas advertencias será quizás el
mayor esfuerzo que nuestra especie deberá emprender en los
tiempos venideros.
La tercera crisis energética
Canarias |02-07-2008
| 19:17
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Juan Jesús Bermúdez
La Agencia Internacional de la Energía ha
advertido que existirá un petróleo caro hasta al menos el año
2013, sin especificar qué ocurriría a partir de esa fecha, y
cómo de caro será el crudo. Podríamos considerar que, hasta que
se produzca una importante recesión económica mundial, la
tensión de la demanda mantendrá, junto a otros factores, un
precio cada vez más alto, con importantes oscilaciones
dependiendo de factores de todo tipo: financieros, geopolíticos,
geológicos, climáticos, etc. Tal es el estado de equilibrio
entre la oferta y la demanda. La Agencia, que gradualmente se
está situando del lado de la opinión que, desde hace ya casi una
década, ha comunicado la Asociación para el estudio del cenit
del petróleo y del gas (ASPO) en el reconocimiento de inmediatos
límites en la producción, no tanto así en la visión de esos
geólogos del declive posterior permanente (aunque todo se
andará…), ha esgrimido las razones conocidas para ver hoy
precios record del petróleo. Así, la debilidad del dólar
arrastra al capital hacia las materias primas (factor
preocupante como ninguno que la principal economía del Mundo
esté arrastrándonos hacia una depresión económica); la capacidad
de refino escasa para petróleos más pesados, una evidencia más
del declive del petróleo convencional del que ASPO habla desde
hace años; una escasísima capacidad excedentaria de petróleo que
introduce nerviosismo en los mercados; la demanda que hasta
ahora no ha modificado en demasía su comportamiento por el alza
de los carburantes, aunque esta tendencia, rápidamente, está ya
cambiando; un incremento de las necesidades de petróleo para
transportes, y carencias de refino para abastecerla, en parte
por el declive de los destilados medios más adecuados para ello;
una acelerada demanda de los países llamados emergentes, aunque
aún a años luz de los consumos per capita de Occidente; y
un reconocimiento ya explícito de que, al menos hasta el año
2013, la aportación de nueva producción al mercado será muy
inferior a lo que la economía mundial requeriría, con el añadido
de declives en las producciones existentes de entre el 4 y el
5%.
También afirma la Agencia que los proyectos
de desarrollo de nuevos yacimientos están siendo muy costosos, y
con continuos retrasos, así como que la producción de los países
que no son de la OPEP está realmente declinando.
Con este escenario, podemos afirmar que el
petróleo pasará de “caro” en estos meses a “carísimo” en un
periodo que puede comenzar en pocos trimestres. Al fin y al
cabo, son pocos los países que están subiendo sustancialmente
sus cifras de extracción, y menos aún los que han descubierto o
explotado reservas suficientes para compensar los declives de
los grandes yacimientos, buena parte de ellos con más de cuatro
décadas de producción y, por tanto, en un estado claro de
madurez y declive geológico.
Esta tercera crisis energética es
sustancialmente distinta a las dos anteriores. En 1973, los
países de la OPEP, a resultas de la guerra de Yom Kippur, apenas
redujeron un 5% sus exportaciones, y establecieron un pequeño
embargo sobre el Puerto de Rotterdam, que finalizó a los 6
meses, dejando la primera lección de escasez petrolera que llevó
a la puesta en marcha de las reservas estratégicas nacionales.
Inclusive Irán, como recuerda Mat Simmons, procuró el incremento
de la producción para compensar ese embargo. En 1979 y 1980, la
revolución iraní redujo a menos de un tercio la producción de
petróleo del país, y el comienzo de la guerra con Iraq hizo que
éste prácticamente paralizara su producción. En esta tercera
crisis energética, sin embargo, salvo en el caso de Iraq – que
intenta recuperar la extracción con compañías petroleras
extranjeras, como culminación de la operación militar que
desalojara del poder a Sadam Hussein – y el de Nigeria, la
práctica totalidad de los países bombean en un ritmo de relativa
“tranquilidad”. Pero existen límites geológicos y de ritmos de
extracción; progresiva escasez de petróleo de calidad;
instauración de prácticas de protección de reservas que se
conocen valiosísimas en el futuro; y, por otro lado, una oferta
insaciable, que nadie quiere frenar voluntariamente. Nos
adentramos hacia un shock petrolero cuasi
permanente que cambiará nuestras vidas, y dará comienzo a otra
era histórica, caracterizada por un petróleo cada vez más caro,
y por el racionamiento mundial del mismo para los que tengan más
dinero.
El petróleo africano de Canarias
Canarias |09-06-2008
| 12:17
|
Juan Jesús Bermúdez
Colin Campbell, el geólogo presidente de honor
de la Asociación para el estudio del cenit del petróleo y del
gas (ASPO), que trabajara para petroleras como Texaco, Shell,
Móbil y otras, afirma que el continente africano, en su
conjunto, contendría en su totalidad, usando el modelo de
estimación de reservas del geólogo Marion K. Hubbert, alrededor
de 180 Gibabarriles de petróleo, de los cuales ya se ha extraido
casi el 50%: estima pues, el ilustre científico, que el
continente se encuentra prácticamente en el cenit de sus
posibilidades de extracción, y que su modesta importancia a la
producción global alcanzaría en poco tiempo los 8 millones de
barriles al día (menos del 10% de la extracción mundial), para
declinar y llegar a los poco menos de 4 millones diarios en el
año 2030.
La causa del agudo declive del petróleo africano
se encontraría en la importancia que tiene el crudo que proviene
de aguas ultra profundas, especialmente en el Golfo de Guinea y
zonas limítrofes. El comportamiento de este tipo de yacimientos
es, debido a su conformación geológica, de importantes tasas de
declive una vez se alcanza su cenit de producción. De hecho, un
reciente informe gubernamental ha advertido de un declive
petrolero en Nigeria – hoy el 12º productor del Mundo – del 30%
para el año 2015,
y el Banco Mundial ha hablado de que Angola
podría afrontar el declive de su floreciente producción a partir
del año 2011, coincidiendo con las predicciones de ASPO. En
ambos casos se alegan dificultades técnicas más que geológicas,
pero los ejemplos del altísimo declive del petróleo en los
yacimientos de las aguas profundas de México, Noruega o Gran
Bretaña deberían servir de modelo para evitar generar
expectativas desmedidas de crecimiento de reservas. La mayor
parte del petróleo de la costa oeste de África (zona conocida
como West Africa, que albergaría el 7% de las reservas mundiales
de crudo, frente al 66% del que detenta Oriente Medio) tendría
como una de sus principales características la presencia
importante de las aguas profundas, como lo demuestran los
modestos hallazgos de países como Ghana o Mauritania, aunque el
grueso de la extracción – más del 90% - parece que provendrá,
hasta su declive final, de Nigeria.
Y es que se suele considerar, erróneamente, que
encontrar petróleo equivale a encontrar un maná cuasi infinito.
Nada más lejos de la realidad: el Mundo está llenos de lugares
donde se sabe que existe el petróleo o el gas, pero su pequeño
volumen, profundidad extrema u otras circunstancias hacen
inviable su extracción. También se suele argüir que con un
precio de petróleo caro será rentable extraer crudo de cualquier
lugar, confundiendo u olvidando algo básico: la facilidad o
dificultad de obtener crudo deriva fundamentalmente de la
diferencia entre la energía empleada para extraerlo y la energía
que ofrece su combustión: lo que el experto Charles Hall llama
la Tasa de retorno energético (TRE, o EROI, en sus siglas en
inglés), que tiende a ser, con el tiempo, cada vez menor. Como
se dice, si extraer un barril de petróleo cuesta otro barril de
petróleo, en términos energéticos, el primer barril siempre
quedará en el subsuelo.
Canarias, por su parte, sin extraer petróleo de
su litoral, es el gran consumidor del continente. Nuestro
territorio quema prácticamente 100.000 barriles de petróleo al
día, por 150.000 aproximadamente que el conjunto de los 14
países de esa zona del Oeste de África que abarca desde Senegal
hasta Benín, exceptuando a Nigeria. La diferencia es que ellos
son unos 120 millones de habitantes y nosotros 2. De hecho, como
es sabido, si incluimos a Camerún y Angola, técnicamente fuera
del llamado “West Africa”, la mayor parte del petróleo que
consume las islas proviene del Oeste africano. Quizás no exista
en muchas millas alrededor un ejemplo más claro de flujo de
recursos naturales de países pobres a una zona rica del Planeta.
Que haya o no petróleo en Canarias es
prácticamente irrelevante para afrontar la segunda era del
petróleo cada vez más caro, porque su extracción no alteraría la
suerte echada del declive del petróleo convencional que tendrá
que afrontar Canarias: un petróleo cada vez más caro y escaso.
Lo que quizás sea más relevante a esos efectos es que, desde que
REPSOL-YPF propusiera en el año 2001 hacer prospecciones en el
litoral de Lanzarote y Fuerteventura, en el periodo 2002-2006
esas islas incrementaran el consumo de productos petrolíferos
para consumo interior, según datos del Gobierno de Canarias, en
un 24% y más de un 60%, respectivamente, casi todo él
proveniente de extracción en países con un consumo per capita
al menos entre 10 y 20 veces inferior al nuestro. Este dato
aclara, sin lugar a dudas, que la adicción fosilista de las
islas será más un más que preocupante aspecto de la era del
declive del petróleo convencional y, después, del conjunto de
los petróleos.
La burbuja de la
aviación
Canarias |21-04-2008
| 18:17
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Juan Jesús Bermúdez
El director de IATA, la asociación que agrupa a
la práctica totalidad de las compañías aéreas del Mundo, ha
declarado al diario suizo Le Temps que “hay demasiadas compañias
aéreas y demasiados aviones nuevos”, en una sorprendente
confesión que viene a desbaratar las mismas proyecciones que
venía realizando tradicionalmente esta organización en relación
con la evolución del transporte aéreo internacional. Así se ha
despachado el Sr. Bisignani con el problema que está empezando a
suponer para las aerolíneas la insistente tendencia alcista del
precio del petróleo y el clima de economía en estado de
recesión. Sin nombrarla, ha hablado el director de una burbuja
en el sector de la aviación.
Como volvió a reiterar recientemente Christophe
de Margerie, el también director ejecutivo de la francesa Total,
una de las mayores petroleras privadas del Mundo, “ya no hay más
petróleo fácil”. Estamos, en palabras editoriales del mismísimo
Financial Times, en la “era del cenit del petróleo”, y los
medios especializados dan una cobertura creciente a los que ya
vienen advirtiendo desde hace años acerca de lo que hoy nos
ocurre, dando espacio a la opinión de inversores como Matt
Simmons, Charles Maxwell o el petrolero T. Boone Pickens, que,
sin ambages, hablan de cenit inminente, racionamiento y otras
perlas que pocos quieren escuchar.
Visto en perspectiva, el sector de la aviación
civil tiene unas pocas décadas de existencia, y coincide su
explosiva expansión con la era del petróleo a menos de 10$, y
una industria que dirigió los esfuerzos de la aeronáutica
militar a la del transporte de masas. Esas décadas de la
posguerra mantuvieron su vigor inclusive con los periodos de
encarecimiento posterior que ha sufrido el crudo en las crisis
del 73 y 80. Si el precio barato del petróleo hasta los años 80
venía dado por el dominio productor de los EE.UU. (que fue el
primer extractor mundial de crudo durante más de un siglo, hasta
esa década) y la creciente cuota de poder de los países de la
OPEP, la crisis de los setenta supuso un espaldarazo a la puesta
en explotación de la siguiente barrera del petróleo menos fácil
de Alaska, las aguas profundas del Golfo de México o del Mar del
Norte, amén del creciente papel del petróleo del África
Subsahariana y los ya independizados países limítrofes al Mar
del Caspio, que incrementaron la oferta de crudo económico.
Estas dos décadas de nueva afluencia petrolera, al que se añade
la importante afluencia del crudo, hoy en inminente declive, de
la Rusia del poscolapso soviético, han alimentado no sólo la
burbuja financiera y la globalización, sino también el colosal
crecimiento de la aviación comercial.
Chicago Tribune se preguntaba seriamente si no
estaríamos viviendo ya hoy el final del precio barato de las
tarifas en el transporte aéreo. El panorama de fusiones
empresariales y renqueante adaptación a la creciente factura del
queroseno, unido a la palpable desaceleración del consumo,
invitan a pensar en el hecho paradójico – que, sin embargo,
sigue una lógica aplastante – de que sea precisamente esta etapa
del bajo coste – que ha popularizado entre los más pudientes el
consumo de aviación – la que presida el comienzo de un más que
probable estallido de la burbuja de esa industria. Hay aviones
mucho más eficientes, y más personas que nunca viajando en
aeronaves amortizadas. Los más poderosos hacen planes para
ampliar sesudamente el transporte aéreo, símbolo indudable de
ostentación y dominio. De hecho, el incremento de las
desigualdades a nivel internacional, en un Mundo que empieza a
desesperarse para conseguir alimentos, tiene en el esplendor del
transporte aéreo una de sus fulgurantes constataciones.
Sin embargo, el 100% de la aviación funciona
porque hay petróleo accesible. Por eso es lógico que el Director
de la IATA hable de excesos en el sector, ya que, como dice The
New York Times, estamos ante un Mundo con sed insaciable de
petróleo, y ante la evidencia, por otro lado, de que buena parte
de los grandes yacimientos que nos sacian están en declive,
atisbándose más pronto que tarde el fin del petróleo barato.
Tiempos de estallido de burbuja y aterrizajes involuntarios,
pues, los que parece habernos tocado vivir.
La era de
las hambrunas
Canarias |17-03-2008
| 00:17
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Juan Jesús Bermúdez
El profesor
americano Paul Ehrlich escribió en 1968 su libro “La bomba
poblacional”, en el que presagiaba cientos de millones de
muertes por hambre en los años 70 y 80, debido a una combinación
de factores entre los que destacaba la explosión demográfica.
Obviamente, su análisis no resultó acertado, pero se sumó a la
lista de maltusianos
que vienen advirtiendo de los límites para atender los
crecimientos poblacionales, y que, aun errando en la concreción
de fechas y en sus acongojantes predicciones, acertarían en la
premisa básica de que los crecimientos exponenciales, de no ser
frenados, tienen trágico final, en un Planeta finito. Así como
la válvula de escape que supuso la colonización americana y del
resto de continentes influyó para desbaratar la también errada
predicción de límites poblacionales que hizo el economista y
clérigo Thomas R. Malthus para la empobrecida población europea
del Siglo XVIII y XIX, en el caso de Ehrlich parece que éste no
tuvo en cuenta la explosión de productividad de la revolución
verde agrícola. Efectivamente, está siendo la Revolución Verde,
ese extraordinario fenómeno de la introducción de fertilizantes
y pesticidas derivados de las circunstancias y aplicaciones
militares de las contiendas del Siglo XX, añadido a la
mecanización abrumadora del trabajo en el agro, la producción
con híbridos más resistentes, la extensión de la superficie
agrícola, etc., la protagonista, junto a la extensión de las
vacunación, medidas de higiene básicas, y otros importantes
factores, de que la población haya seguido creciendo
exponencialmente. De hecho, desde los años 70 hasta la
actualidad, en un periodo de poco más de tres décadas, el
Planeta ha sido testigo de la duplicación del número de humanos
que la pueblan.
La
extraordinaria abundancia que trajo la revolución agrícola, uno
de cuyos mentores, el también americano y Nobel de la Paz Norman
Borlaug, permitió, entre otras cosas, por ejemplo, que la
producción mundial de granos se multiplicara por cuatro desde
los años 50. La energía y transporte baratos – algo que ya está
comenzando a ser pasado - hicieron lo demás, distribuyendo y
llenando almacenes y después supermercados o agencias
alimentarias de medio Planeta, con una perfecta cadena
ininterrumpida de frío que suministra proteínas a poblaciones
que en su vida han visto una vaca de forma real. Probablemente
nunca ha habido tanta abundancia alimentaria como en este
periodo de la Historia de la Humanidad.
Ahora parece
que llegamos a una era de hambrunas, fruto de que el modelo
anterior, generoso inclusive para muchos pobres en época de
abundancias, se vuelve siniestro cuando se encuentra ante
límites, que son múltiples y complejos: se prodiga la cruel
especulación que, aunque siempre existió, exacerba ahora sus
efectos con las estrecheces, incrementando diferencias sociales;
las malas cosechas, que también existieron siempre, pero que hoy
se hacen más dramáticas con el doble de población, y que
amenazan convertirse en crecientes con el escenario del
calentamiento global; agotamiento de la capacidad de crecimiento
de la superficie de tierras arables, especialmente en la
diferencia entre tierras agotadas o erosionadas por la
intensificación agrícola y aquellas nuevas que se pueden
incorporar a través de la deforestación, etc; también la
decreciente disponibilidad de agua dulce que traen las sequías o
la sobreexplotación de acuíferos; la disposición de superficie
cultivada de cereales, caña de azúcar y otros cultivos para
alimentar coches, o para la creciente dieta cárnica de los más
ricos, hoy en los cinco continentes, que tenemos más dinero que
los pobres y así podemos comer animales que comen cereales; los
límites cada vez más cercanos, cuando no ya decrecientes, de los
rendimientos de la agricultura intensiva; o los precios
crecientes de los combustibles y demás insumos (fertilizantes,
maquinaria, etc.), fruto de una era de costes fijos crecientes
debido, como factor esencial, al fin de la energía barata y a
una demanda insaciable.
Todo ello
alimenta el Hambre, y genera disturbios, racionamientos, etc.,
porque los alimentos se encarecen. Entendamos la especulación
financiera con materias primas, pues, como una consecuencia más
de este ajuste creciente entre oferta y demanda. Nos preguntamos
si alguna otra revolución agrícola vendrá a rescatarnos de este
tremebundo escenario. Pero, mientras tanto, parece claro que
aquellas zonas del Mundo que puedan disponer de más alimentos
producidos localmente con menos insumos (no hay que olvidar que
la energía del transporte y procesamiento de los alimentos será
cada vez más cara para los lugares importadores) tendrán mejor
destino final en esta nueva Era de las Hambrunas, que no conoce
de fronteras, como así nos advirtió Malthus en su Primer Ensayo
de la Población, Ehrlich hace unas décadas, y hoy nos lo
recuerdan las revueltas por el precio y acceso a los alimentos,
que se suceden en decenas de países del Mundo. ¿Existió una
prioridad mayor que atender, y también un extravío mayor como el
que vivimos peligrosamente en estos días de ominosas
advertencias? |