|09-07-2008
| 17:17
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Raúl Sempere Duran
El PSOE acaba de celebrar su congreso
nacional y nos propone su particular cambio en el modelo de sociedad. Muchos
medios de comunicación afirman que con esto intentan desviar la atención de
la crisis económica que padece el país, pero lo cierto es que los
socialistas se han tirado al monte y van a por todas: pretenden imponer el
laicismo y legalizar el aborto libre y la eutanasia activa.
Y frente a esta radicalización del
partido del gobierno nos encontramos con la preocupante y ya habitual
indefinición de un PP agotado que camina sin rumbo y no se pronuncia sobre
temas tan fundamentales como la libertad religiosa y el derecho a la vida de
los niños no nacidos, de los ancianos y de los enfermos terminales.
Pero abortar es matar: es preciso
recordar a los ciudadanos españoles que no existe ese supuesto derecho al
aborto, que cuando se ‘interrumpe’ un embarazo lo que ocurre es una
desgracia tanto para el niño que es eliminado como para la madre que se ha
visto abocada a ello. Frente a las políticas negativas que legitiman el
aborto es necesario promover el apoyo integral a la mujer embarazada.
Otra de las medidas estrella que proponen
los socialistas para solucionar la crisis económica es la eutanasia. Ya lo
dice el refranero popular: “muerto el perro, se acabó la rabia”. Optan por
la solución más fácil y barata, eliminar lo que estorba. Ya otro socialista
utilizó democráticamente esta política en los campos de exterminio: Adolf
Hitler también llegó al poder ganando unas elecciones, su partido era el
Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, es decir, Partido
Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores.
La experiencia vital de nuestros mayores,
el amor a los enfermos terminales, la entrega generosa en sus cuidados
diarios… son ejemplos de algo que los socialistas no respetan: la dignidad
humana en cualquier etapa de la vida. Habrá que explicarles qué son los
cuidados paliativos, cómo se ofrece cariño a los enfermos terminales, qué
significa darse a los demás por amor al prójimo…
Por último, el señor Zapatero quiere
imponernos el laicismo bajo la manida excusa de la aconfesionalidad del
estado. A este respecto habría que recordarle al hermano ZP que el estado
puede ser aconfesional, pero las personas no lo son. Cualquier miembro del
gobierno, cualquier ciudadano, todo hijo de vecino, todos confesamos
nuestras creencias, incluso aquellos que no creen y se confiesan ateos. La
libertad del individuo a elegir sus propias creencias no puede verse
coartada por las imposiciones de ningún gobernante, de ninguno.